domingo, 21 de abril de 2013

Maquillaje para el recuerdo



Según  estudios sobre la memoria, (Martin Conwell), muchos de nuestros recuerdos no son reales, están tergiversados o simplemente inventados a partir de algo que hemos visto, oído, o  de experiencias ajenas que nos han contado.

El caso es que da igual, porque reales o no, esos recuerdos están ahí, formando parte de nuestra identidad, de quien creemos que somos.

Esto nos da pié para sentirnos más libres a la hora de seleccionar cuáles de nuestros recuerdos queremos potenciar y cuáles queremos “maquillar”, o como decimos en programación neurolingüística, “redecorar”.


Sabemos que modificando la percepción de un recuerdo (modificando algo tan insustancial como nuestra posición relativa respecto a otra persona, el sonido de fondo de la situación o eliminando el color de la imagen y dejándola en blanco y negro), las emociones ligadas a esos recuerdos también varían, se intensifican o debilitan en función de cuáles hayan sido las modificaciones. Esto tiene una consecuencia inmediata a la hora de rebajar el nivel de sufrimiento en los recuerdos dolorosos, pero también tiene importantes consecuencias en nuestros comportamientos futuros, pues como decía,  nuestra identidad está formada entre otras cosas por  nuestros recuerdos.

Mediante el trabajo con los recuerdos somos capaces de predisponernos a un futuro mejor, elegido, consciente, no limitado por automatismos que proceden del pasado.

miércoles, 10 de abril de 2013

Tu viento favorable

Dice Nietszche “Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”. 


Tener un objetivo, una ilusión, o un proyecto, es el motor para vivir.  Sin una motivación la vida no tiene sentido, pero a veces sufrimos el espejismo de creer que nuestra vida agitada, nuestras prisas, y nuestra autoexigencia son nuestra motivación, y alimentamos el estrés como una forma de sentirnos vivos, valiosos, y necesarios.

Si nos permitimos abrir la mirada, tomar perspectiva de nuestra vida, mirando hacia el pasado y hacia el futuro, quizá podamos darnos cuenta de que más allá de nuestros pequeños éxitos y nuestras pequeñas miserias hay un porqué para cada uno de nosotros, hay una auténtica motivación que en algún momento se quedó enterrada entre obligaciones y prohibiciones, juicios sociales o familiares, miedos e inseguridades. 
Citando a Séneca diré que “no hay viento favorable para el que no sabe dónde va”.

Quizá merezca la pena esa mirada amplia, si ello nos permite  identificar nuestro puerto de destino: qué papel queremos tener en este  mundo, y de qué manera queremos desempeñarlo.