miércoles, 8 de mayo de 2013

Las listas de tareas

Una de las mayores causas del estrés es la enorme exigencia que hacemos de nosotros mismos a la hora de organizar nuestro tiempo. A menudo pensamos que sería ideal si el día tuviera 2 horitas más, y no caemos en la cuenta de que el gran problema no es que el día solo tenga 24 horas, sino que pretendemos hacer demasiadas cosas en ese tiempo.

Organizar nuestro tiempo de forma racional es imprescindible para no caer en el estrés. Una de las herramientas mas utilizadas es una agenda o un papelito donde apuntamos todas aquellas cosas que nos proponemos hacer, esto nos permite ver con mayor perspectiva cuántas y cuáles son esas tareas y si hay una proporción lógica con el tiempo de que disponemos, y a menudo comprobamos que no la hay.



 Además, a veces las listas  nos sirven para identificar tareas que en realidad no queremos hacer, son esas tareas que siempre quedan sin tachar en nuestras listas, las que parecen eternas pasando de un papel a otro. Si las analizamos, podremos ver que  son las que menos nos apetecen, las que son más de espíritu “tengo que” que del tipo “quiero” o  “prefiero”, y muchas veces están ahí,  y ni siquiera las hemos puesto nosotros, la mayoría se han colado en nuestro quehaceres por vía sugerencia, solicitud, por sentimiento de culpa o  del deber.
Cuando descubrimos su origen, (y a veces nos sorprendemos),  podemos atrevernos a imaginar qué ocurriría si esa tarea fuera transcrita eternamente de nota en nota, y no llegara a llevarse a cabo jamás. Algunas de estas insidiosas tareas no pasan esta simple prueba, y ¡con  qué satisfacción podemos entonces tacharlas definitivamente!

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