domingo, 13 de enero de 2019

Ser menos autómatas

Uno de los inconvenientes de andar por la vida “como pollo sin cabeza” es que no ponemos atención en los automatismos. No nos damos cuenta de a qué obedecen determinados pensamientos o conductas, porque mientras nuestra mente consciente está en otro lugar, o en otro tiempo, nuestra mente inconsciente nos hace actuar de una forma determinada, dirigida por estereotipos, creencias o rutinas que tal vez no sean las más adecuadas en todas las situaciones. Por eso, desde el mindfulness se hace hincapié en la necesidad de estar presente. 
 
Como muestra de la influencia de tantos factores a nuestro alrededor de los que no somos conscientes, hay un curioso estudio en el que se solicitó a un grupo de personas realizar una serie de tareas manejando conceptos relativos a la vejez, (palabras como arrugas, testarudo o jubilado). En un análisis inmediatamente posterior se comprobó que estas personas ¡caminaban más lentamente que antes del ejercicio!
Por otra parte, todos sabemos que  también nuestro propio estado de ánimo en un momento determinado influye a la hora de pensar o tomar decisiones y sólo si somos conscientes de que esto ocurre podemos liberarnos de esa influencia.
La práctica meditativa nos ayuda a estar más presentes, a identificar las posibles influencias, a entender mejor qué mecanismos operan en nosotros además de la pura voluntad. En definitiva, nos libera.

Si te interesa el estudio citado, puedes descargarlo aquí

jueves, 10 de enero de 2019

¿Cómo es que nos importan tanto nuestras relaciones sociales?

Imagina que reenvías un comentario, chiste, o información que te parece interesante en un grupo de whatsapp y que nadie te contesta, tu  comentario pasa desapercibido y queda enterrado por montones de intervenciones posteriores. ¿Cómo te sientes?
En el contexto de las redes sociales es especialmente evidente cómo nuestra naturaleza es social.

Tener un gran número de amigos, establecer diálogos públicos, o recibir muestras de afecto en los cumpleaños, generan alta autoestima, mejora el concepto que tenemos de nosotros mismos: “Si tengo muchos amigos debe ser porque soy buen@”, ”Si se toman la molestia de felicitarme es que soy merecedor/a de atención”, etc.

Pero ¿Por qué es importante todo esto para nuestro bienestar interno? Es, una vez más, nuestra historia evolutiva la que nos da la clave.
 ¿Quién podría sobrevivir hace miles de años sin formar parte de un grupo? Ser aceptado era una cuestión de supervivencia, y nuestro cerebro se ha ido adaptando para conseguir esa habilidad de vivir en grupo y ser socialmente aceptado.
Quizá este conocimiento nos sirva para relativizar el malestar cuando las cosas no son como queremos. Si en un grupo social, un comentario tuyo es ignorado o rechazado y eso te genera malestar puedes recordar que no existe ninguna amenaza física real para ti en ese hecho, y que el malestar procede de ese impulso ancestral de pertenecer y ser aceptado en el grupo.
Volvemos a encontrarnos con el hecho de que está en nuestra mano elegir cómo nos sentimos, ya que frente al mismo hecho podemos dar distintas interpretaciones, y son esas interpretaciones las que nos hacen sentirnos felices o infelices.

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 Veíamos en ¿Por qué pensamos casi siempre en lo peor?  cómo también es nuestro pasado lo que nos marca en este sentido
Hablábamos también de la libertad de interpretar la realidad en ¿quien tiene el poder de elegir?