lunes, 29 de febrero de 2016

¿Por qué pensamos casi siempre en lo peor?

Pues parece ser que nuestra tendencia a fijarnos en lo negativo es un rasgo evolutivo consecuencia de nuestro recorrido hasta nuestros días como supervivientes de un mundo lleno de amenazas que nuestro sistema de supervivencia ha tenido que aprender a detectar y enfrentarse. 



Es decir, somos descendientes de aquellos que antes de instalarse en una nueva cueva acechaban la entrada con paciencia, para asegurarse de que no estaba habitada por un depredador, o que durante el verano recogían y guardaban semillas, frutos o carne seca en previsión para el invierno...Aquellos que no se “pre-ocuparon” de asegurarse su propia subsistencia para el invierno, cuando la caza era difícil y no había frutos que recoger, o los que no se anticiparon a protegerse de la posible visita de un depredador,  tuvieron menos probabilidad de vivir lo suficiente como para reproducirse y cuidar de su progenie. 
 Los más miedosos, los más preocupadizos, los más previsores fueron los que tuvieron más posibilidades de sobrevivir...

Así que no podemos extrañarnos de que en nuestra manera de enfrentarnos a la vida, haya siempre ese filtro, esa búsqueda de las posibles amenazas que se esconden, y cuya detección nos permite estar prevenidos.

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