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martes, 13 de agosto de 2013

Sonreir cada día

Os propongo un experimento: Cerrad los ojos y sonreíd durante unos 10 ó15 segundos.¿No notáis un ligero soplo de alegría, como un tenue rayito de sol en vuestro interior?
Sonreír nos produce felicidad. Ese simple gesto que mueve al parecer 15 músculos, (pocos si comparamos con los 40 que se necesitan para fruncir el ceño), mueve también la secreción de endorfinas en nuestro cerebro,  sustancias que nos producen sensación de felicidad, y es tan inocente nuestro cerebro, que aunque sólo hagamos el gesto, esto es suficiente para disparar esa respuesta.

Richard Wiseman, psicólogo de la Universidad de Hertfordshire, nos sugiere un truco para sonreir aunque no tengamos ganas: Sujetar un lápiz con los dientes, de manera que así obligas a tu cara a componer un gesto parecido a la sonrisa, y eso es suficiente para promover esa sensación de alegría.
A veces tu alegría es la causa de tu sonrisa, pero a veces tu sonrisa puede ser la causa de tu alegría (Thich Nhat Hanh)
Os dejo aqui un clip de Redes en el que Wiseman trata sobre esto y algunas cosas más relacionadas con nuestras actitudes corporales y sobre cómo éstas influyen en nuestro estado de ánimo.

martes, 23 de julio de 2013

¿Por qué hablar de nosotros mismos nos hace sentir bien?

Un estudio realizado en la Universidad de Harvard  en 2012 (Diana Tamir y Jason Mitchell), consistente en 5 tipos de pruebas con 195 personas, revela que cuando hablamos de nosotros mismos, se activan en nuestro cerebro las mismas áreas del sistema de recompensa del cerebro que se activan con estímulos tales como el sexo, las adicciones y la buena comida, donde la dopamina es el neurotransmisor predominante. 

Un 30-40% de las conversaciones tienen como tema principal nuestra  propia vida, y si la comunicación es a través de redes sociales, la cifra se eleva a 80%.

En el estudio,  para conocer si había una base neurológica que explicara esto, los participantes se sometieron a pruebas de resonancia magnética funcional (IRMf) mientras contestaban cuestionarios con preguntas sobre ellos mismos o sobre otros temas, y se observó qué zonas del cerebro son las que trabajan en los momentos en los que hablamos de nosotros mismos.
Se comprobó que hay tres zonas en las que se produce actividad, la corteza prefontral, el núcleo Accumbens y y el área tegmental ventral (VTA). Curiosamente estas dos últimas, que forman parte  de la Vía Mesolímbica, están relacionadas con el sistema de recompensa del cerebro y  las sensaciones placenteras.
Al parecer, la activación se producía en mayor medida precisamente hablando de uno mismo o de las propias opiniones, que de las opiniones de los demás.
En otro estudio, se comparó el nivel de activación de estas zonas cerebrales en los casos en los que las informaciones reveladas por los participantes  eran leídas o escuchadas por un amigo  (que también participaba en el experimento), o quedaban totalmente en privado, y se comprobó que la gratificación obtenida a nivel cerebral también era mayor en el caso de saber que sus respuestas eran  comunicadas a alguien.  

Así que no es de extrañar que encontremos tranquilizador y agradable compartir nuestros pensamientos con otras personas, y quizá también podría explicar por qué las personas que saben escuchar son socialmente  tan apreciadas por ello.
 
Para saber mas    http://wjh.harvard.edu/~dtamir/Tamir-PNAS-2012.pdf


jueves, 30 de mayo de 2013

¿Acercarte a lo que deseas o alejarte de lo que temes?



¿Acercarte a lo que deseas o alejarte de lo que temes? Son dos formas distintas de movernos por la vida, y aunque ambos movimientos pudieran llevarnos en la misma dirección, el primero nos proporciona ilusión y ganas de vivir, mientras que el segundo nos hace sentirnos vulnerables, insignificantes y víctimas.

Que la motivación sea positiva nos hace responsables de nuestro propio itinerario en la vida. El acercamiento es un paso voluntario, con una motivación subyacente, y hacia un objetivo en el horizonte. Hay esperanza.

El alejamiento es la huída, se llega a la supervivencia a través del miedo.  Nos quedamos con lo que nos dejan, y sólo a veces eso es lo que de verdad queremos, muy pocas veces.

Suele resultarnos más fácil saber qué  no queremos, porque en  pocas ocasiones nos permitimos preguntarnos  qué es lo que realmente deseamos.

¿Te has preguntado qué habría en tu lista de “Cosas que realmente quiero”?


lunes, 20 de mayo de 2013

Un cuentecito sobre las tareas



Unos días después de publicar mi anterior post sobre las listas de tareas, me dio por abrir un librito que tengo en casa sobre cuentos de la tradición sufí, recopilados por Idries Shah, y al ojear al azar vine a dar con este cuentecito que os transcribo a continuación y que tiene mucho que ver con las tareas de las que hablaba. En él, Nasrudín, el eterno protagonista de las enseñanzas sufíes nos pone de manifiesto con aplastante lógica ese rasgo de incongruencia humana del que nos sentimos a veces tan víctimas.

Camellos y hombres
Nasrudín –le preguntó el vecino- ¿Quién es más inteligente, el camello o el hombre?
El camello –contestó el mulá-, porque lleva cargas pesadas sin quejarse, pero nunca pide una carga adicional. El hombre, por el contrario, atestado de responsabilidades, siempre quiere aumentar sus cargas.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Las listas de tareas

Una de las mayores causas del estrés es la enorme exigencia que hacemos de nosotros mismos a la hora de organizar nuestro tiempo. A menudo pensamos que sería ideal si el día tuviera 2 horitas más, y no caemos en la cuenta de que el gran problema no es que el día solo tenga 24 horas, sino que pretendemos hacer demasiadas cosas en ese tiempo.

Organizar nuestro tiempo de forma racional es imprescindible para no caer en el estrés. Una de las herramientas mas utilizadas es una agenda o un papelito donde apuntamos todas aquellas cosas que nos proponemos hacer, esto nos permite ver con mayor perspectiva cuántas y cuáles son esas tareas y si hay una proporción lógica con el tiempo de que disponemos, y a menudo comprobamos que no la hay.



 Además, a veces las listas  nos sirven para identificar tareas que en realidad no queremos hacer, son esas tareas que siempre quedan sin tachar en nuestras listas, las que parecen eternas pasando de un papel a otro. Si las analizamos, podremos ver que  son las que menos nos apetecen, las que son más de espíritu “tengo que” que del tipo “quiero” o  “prefiero”, y muchas veces están ahí,  y ni siquiera las hemos puesto nosotros, la mayoría se han colado en nuestro quehaceres por vía sugerencia, solicitud, por sentimiento de culpa o  del deber.
Cuando descubrimos su origen, (y a veces nos sorprendemos),  podemos atrevernos a imaginar qué ocurriría si esa tarea fuera transcrita eternamente de nota en nota, y no llegara a llevarse a cabo jamás. Algunas de estas insidiosas tareas no pasan esta simple prueba, y ¡con  qué satisfacción podemos entonces tacharlas definitivamente!

domingo, 21 de abril de 2013

Maquillaje para el recuerdo



Según  estudios sobre la memoria, (Martin Conwell), muchos de nuestros recuerdos no son reales, están tergiversados o simplemente inventados a partir de algo que hemos visto, oído, o  de experiencias ajenas que nos han contado.

El caso es que da igual, porque reales o no, esos recuerdos están ahí, formando parte de nuestra identidad, de quien creemos que somos.

Esto nos da pié para sentirnos más libres a la hora de seleccionar cuáles de nuestros recuerdos queremos potenciar y cuáles queremos “maquillar”, o como decimos en programación neurolingüística, “redecorar”.


Sabemos que modificando la percepción de un recuerdo (modificando algo tan insustancial como nuestra posición relativa respecto a otra persona, el sonido de fondo de la situación o eliminando el color de la imagen y dejándola en blanco y negro), las emociones ligadas a esos recuerdos también varían, se intensifican o debilitan en función de cuáles hayan sido las modificaciones. Esto tiene una consecuencia inmediata a la hora de rebajar el nivel de sufrimiento en los recuerdos dolorosos, pero también tiene importantes consecuencias en nuestros comportamientos futuros, pues como decía,  nuestra identidad está formada entre otras cosas por  nuestros recuerdos.

Mediante el trabajo con los recuerdos somos capaces de predisponernos a un futuro mejor, elegido, consciente, no limitado por automatismos que proceden del pasado.

miércoles, 10 de abril de 2013

Tu viento favorable

Dice Nietszche “Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”. 


Tener un objetivo, una ilusión, o un proyecto, es el motor para vivir.  Sin una motivación la vida no tiene sentido, pero a veces sufrimos el espejismo de creer que nuestra vida agitada, nuestras prisas, y nuestra autoexigencia son nuestra motivación, y alimentamos el estrés como una forma de sentirnos vivos, valiosos, y necesarios.

Si nos permitimos abrir la mirada, tomar perspectiva de nuestra vida, mirando hacia el pasado y hacia el futuro, quizá podamos darnos cuenta de que más allá de nuestros pequeños éxitos y nuestras pequeñas miserias hay un porqué para cada uno de nosotros, hay una auténtica motivación que en algún momento se quedó enterrada entre obligaciones y prohibiciones, juicios sociales o familiares, miedos e inseguridades. 
Citando a Séneca diré que “no hay viento favorable para el que no sabe dónde va”.

Quizá merezca la pena esa mirada amplia, si ello nos permite  identificar nuestro puerto de destino: qué papel queremos tener en este  mundo, y de qué manera queremos desempeñarlo.