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domingo, 9 de diciembre de 2012

Nuestra película



Debería estar claro que no son los acontecimientos exteriores los que marcan el color de nuestra vida. Somos nosotros los que, al procesar el exterior, nos estresamos, entristecemos, y  encolerizamos o nos alegramos, nos sentimos dichosos o afortunados, y esto la hacemos  contándonos la película de determinada manera.
 Entender esto es imprescindible para poder ser dueño de la propia vida.
Decía Epicteto de Frigia “Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas”, y es cierto, es nuestro filtro mental el que nos hace ver la vida como cielo o infierno. Si no fuera así, circunstancias semejantes en dos sujetos distintos darían lugar a estados de felicidad semejantes en esos sujetos, y sabemos que no es así. ¿Queréis un ejemplo?
¿Qué significa un cubo de agua para cualquiera de nosotros, occidentales que contamos con una red de suministro  de agua en nuestras casas? ¿Qué nivel de felicidad nos produce? Casi nos sonreímos al intentar sopesar qué nivel de felicidad nos produce, como si la palabra felicidad quedara demasiado grande para un triste cubo de agua.
¿Qué significado tiene ese mismo cubo en una familia etíope, en la que cada mañana una de las tareas principales es caminar una media de 5 km para traer agua?
No es el cubo de agua en sí lo que produce felicidad o indiferencia, del mismo modo que no es la escasez o abundancia de riquezas lo que produce la infelicidad o la dicha, y no es la muerte en sí lo que produce tristeza.
Cada una de nuestras emociones es producto de nuestra propia interpretación de los hechos, que su vez viene influida por nuestras vivencias, nuestras creencias, y nuestra educación. Si somos conscientes de ello también somos dueños, somos directores de nuestra película, podemos elegir si queremos comedia o drama, si queremos vivir con ligereza, o con sentido trágico. Disfrutarla o sufrirla.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La decisión de estar bien



A veces es necesario estar mal para llegar a tomar la decisión de estar bien. Verse vapuleada por las circunstancias y tomar conciencia de ello puede ser el detonante o el revulsivo que nos hace extraer de nosotros ese poquito de coraje que nos falta para dar la palmada, para producir el cambio, para tomar la decisión de estar bien.

 Creo que la clave está en el día que decides “¡hasta aquí hemos llegado!” y das una palmada en la mesa, aunque sea mentalmente.


La decisión de estar bien es el motor, gracias a ella todo se pone en marcha, y si no la pierdes de vista, casi sin darte cuenta vas creando a tu alrededor la vida que concuerda con esa decisión, porque todo aquello que no cuadra bien con ese planteamiento te chirría  al hora de elegir, y entonces lo dejas fuera. Todo lo que sobresale del marco de “estar bien” se recorta.




sábado, 17 de noviembre de 2012

Practico la Autosugestión


Cada mañana repito 20 veces la frase cada día y en todos los aspectos, me encuentro mejor y mejor: Practico la autosugestión.

 Éste  método de repetición de afirmaciones positivas,  lo inventó un farmacéutico francés nacido en 1857, el Dr. Emile Coué, quien interesado por el hipnotismo,  empezó a tratar a algunos de los pacientes que acudían a su farmacia, con lo que él llamaba “sugestiones”, una serie de  afirmaciones sobre su salud (su buena salud) que él les sugería una vez hipnotizados.
            Más tarde se dio cuenta de que no era necesaria la hipnosis, y de que los propios pacientes podían ser entrenados para sugestionarse a sí mismos, obteniendo parecidos resultados.
Su éxito hizo que la gente fuera acudiendo a él en número creciente. Tenía pacientes en toda Europa y especialmente en los Estados Unidos y a pesar de que él se empeñaba en aclarar que no era él quien sanaba,  la gente se empeñaba en lo contrario.
Pero ¿qué es la autosugestión?

Siguiendo con el ejemplo que el propio Dr. Coué ponía: Si te ponen un tablón de 25 cm de ancho y 3 m de largo en el suelo y te dicen que camines por él, la mayoría de la gente no tiene ningún problema para hacerlo, pero si ese mismo tablón está a la altura de las torres de la catedral, muy poca gente será capaz. La sugestión del peligro nos impide desenvolvernos con naturalidad en esas circunstancias.

            Es también lo que ocurre cuando estás aprendiendo a montar  en bicicleta: basta que pienses que te vas a ir contra ese árbol que no quieres, para que vayas. Actúas según la sugestión de que vas a ir contra el árbol, y obedeces tu propia sugestión.
Cuenta en uno de sus libros el caso de un banquete en el que a mitad de la comida la cocinera avisó de que se había equivocado y había echado arsénico en la comida. Hubo mucha gente que empezó a manifestar síntomas de intoxicación. Después se comprobó que había sido una falsa alarma.

Otro ejemplo lo vemos cuando acometemos una nueva tarea. Si nos aseguran que es una tarea sencilla que vamos a poder realizar sin problemas, funcionamos mejor que si nos  vaticinan que se requiere una habilidad y destreza poco comunes para realizarla.

La sugestión es una potente herramienta para manejar nuestra mente, y se puede utilizar esta herramienta en nuestro propio beneficio, y también en el de los demás.

En el fondo, todo el mundo entiende cómo funciona la sugestión, pero poca gente aprovecha ese conocimiento. Lejos de aprovecharlo, muchas veces lo utilizamos, sin ser conscientes  de ello, para nuestro perjuicio, poniendo trabas a nuestro propio afán de superación,  dando más crédito a criterios ajenos que a los nuestros, o convenciéndonos de nuestra fatalidad.
Por la mañana, al despertar, no es lo mismo pensar  “A ver con qué cosas desagradables me va a tocar bregar hoy” que, “Hoy va a ser un día estupendo y va a salir todo según mis deseos”.
Pues es tan sencillo como eso.

La frase “cada día y en todos los aspectos me encuentro mejor, y mejor” es del propio Dr Coué, pero cada uno puede aplicarse la que mejor le convenga. No importa lo increíble que te suene cuando digas: “Cada día me desagrada más y más el tabaco”, si es que quieres dejar de fumar, o “Cada día me siento mas fuerte y sana” a pesar de que estés pasando por uno de los peores momentos de tu vida. No hace falta creérselo, solo repetirlo, 20 veces  2 ó 3 veces al día, en un tono monótono (como de recitar letanías, dice el Dr. Coué), y en un volumen audible por ti mismo. Pasadas unas semanas, cuando te empieza a sonar menos “marciano”, menos inverosímil, puedes reducir a 2 ó 1 veces al día (siempre las 20 repeticiones).
 La prueba es gratis. Los resultados comprobados.

Por si queréis ampliar, aquí van algunos títulos de los libros del Dr Coué.

“Mi método de autosugestión”, 
“El dominio de si mismo”,
 “Afirmaciones y autosugestión: el autodominio por la palabra hablada”.

martes, 6 de noviembre de 2012

Una ayuda para aprender a meditar

Hoy os quiero recomendar  el libro “Meditación” de Eknath Easwaran, una buena ayuda para aprender meditación, especialmente dedicada al lector occidental. 
Hay una gran cantidad de ideas sensatas en este libro, y especialmente recuerdo el párrafo que os transcribo a continuación, porque pensé que sería una buena guía para el paso por la adolescencia de mis hijos.  En esa época en la que los valores se tambalean y con frecuencia se ven sustituidos por la moda, el criterio del líder del grupo, o simplemente la necesidad de ser especial buscando esta diferenciación en la transgresión, una declaración de principios como ésta, puede ser el faro al que mirar para  mantener el rumbo.


“Con muchísima frecuencia se nos han expuesto las mismas ideas manidas: fumar y beber es signo de refinamiento, conducir a velocidades vertiginosas es signo de valentía, tener una pareja nueva cada día es signo de masculinidad o feminidad, hacer uso de la violencia es signo de fuerza y no comprometerse es signo de libertad. Con razón nuestros místicos afirman que el mundo está vuelto del revés. Estar seguro en todo momento es signo de refinamiento, ser inquebrantable es signo de valentía, estar permanentemente enamorado de alguien es signo de masculinidad o feminidad, perdonar es signo de fuerza y dominar nuestros sentidos y pasiones es signo de libertad”      

miércoles, 17 de octubre de 2012

¿Cuál es el motivo de que no se suicide usted?

Viktor Frankl, psiquiatra y neurólogo, hacía esta pregunta a sus pacientes, y a partir de sus respuestas los mismos podían definir su propio proyecto de vida.
Tener un objetivo, una ilusión, o un proyecto, es el motor para vivir.  Sin una motivación la vida no tiene sentido, pero a veces sufrimos el espejismo de creer que nuestra vida agitada, nuestras prisas, y nuestra autoexigencia son nuestra motivación, y alimentamos el estrés como una forma de sentirnos vivos, valiosos, y necesarios.
Si nos permitimos abrir la mirada, tomar perspectiva de nuestra vida, mirando hacia el pasado y hacia el futuro, quizá podamos darnos cuenta de que más allá de nuestros pequeños éxitos y nuestras pequeñas miserias hay un porqué para cada uno de nosotros, hay una auténtica motivación que en algún momento se quedó enterrada entre obligaciones y prohibiciones, juicios sociales o familiares, miedos e inseguridades.
Citando a Séneca diré que “no hay viento favorable para el que no sabe dónde va”.
Quizá merezca la pena esa mirada amplia, si ello nos permite  identificar nuestro puerto de destino: qué papel queremos tener en este  mundo, y de qué manera queremos desempeñarlo.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Síntomas a nuestro favor

A veces no nos interesa vencer determinados síntomas. No somos conscientes de ello, pero de alguna manera esos síntomas están colaborando con nosotros para la consecución de un objetivo determinado. Un dolor de cabeza a tiempo puede ser una tabla de salvación para zafarnos de una actividad que no deseamos realizar, una lumbalgia puede evitarnos una situación laboral que nos asusta o que nos supera, un constipado puede liberarnos de besar y abrazar a quien no nos es agradable… y todo ello sin necesidad de ofender o decepcionar a nadie.

Si somos observadores podemos aprender a conocernos nosotros mismos, tomando nota de qué evitamos o qué conseguimos con esos pequeños problemas físicos, y una vez conscientes de ello, nos será más fácil encontrar caminos alternativos para conseguir nuestros propósitos, caminos que no supongan un perjuicio para nosotros mismos.

viernes, 31 de agosto de 2012

Compromiso

Cuando hacemos el curso de relajación siempre les digo a las personas que  quieren aprender a relajarse que para que esto funcione hay que practicarlo. Es como si quisiéramos participar en una maratón; no vale con saber que hay que calentar los músculos antes de la carrera,  reservar las fuerzas  al principio, motivarse especialmente durante los kilómetros 25 a 35,  y dar el máximo en el último tramo. Todo esto es la teoría, pero de nada nos sirve si no lo hemos practicado. Necesitamos entrenarnos durante meses para poder alcanzar la meta.

El control de nuestro cuerpo y nuestra mente no es algo que se aprenda únicamente recibiendo una información. El aprendizaje requiere práctica y entrenamiento diario, y sólo de esta manera logramos incorporar esta nueva habilidad  a nuestra vida cotidiana.
De entrada puede parecernos que es más costoso dedicarle un tiempo a la relajación que sentarnos a ver la tele con el mando en la mano y la cabeza en “stand by”. Es cierto que hay una inercia que tiende a inhibir cualquier iniciativa que nos arranque de nuestras rutinas, pero yo cuento con que quien acude a un curso de relajación es porque desea aumentar su nivel de bienestar y por eso siempre  pido que las personas se den un plazo, que contraigan consigo mismos el compromiso de practicar el método durante al menos el tiempo que dure el curso.
 Este tiempo es suficiente como para darse cuenta de que  practicar la relajación no es una labor penosa que implica un  esfuerzo,  sino que es una fuente de bienestar inagotable a la se puede recurrir siempre que se desee.

Puede que a partir de entonces, en vez de considerar que se renuncia a algo para practicar la relajación, el practicante desee incrementar la frecuencia de esas vistas a su “zona de calma”, para enriquecerse con el bienestar que la práctica produce.