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jueves, 21 de febrero de 2013

Asado de carne sin extremos


Ahora que está en boca de todos la necesidad de revisión de nuestras creencias limitantes, me ha venido a la memoria aquel programa de cocina de Elena Santonja, en el que cada día un artista invitado preparaba  junto a ella una receta mientras charlaban relajadamente.
Elena Santonja y Pedro Almodóvar 
Recuerdo en concreto  la receta de un asado de carne porque la invitada  de aquel día contó que toda su vida había cortado los extremos de la pieza de carne antes de ponerla en la fuente de barro para hornear, hasta que en cierta ocasión, su hija observando cómo cocinaba, le preguntó por qué había que quitarle los extremos a la pieza. Confesó que en aquel momento sólo supo contestarle que la receta era  de su madre y que siempre lo había hecho así, pero días después, tras preguntarle, ésta le explicó que ella lo cortaba de esa manera porque su bandeja de asar era corta y la pieza no cabía entera. De manera que aquella invitada llevaba toda la vida despreciando los extremos de la pieza a pesar de que su bandeja sí era suficientemente amplia.

¿Cuántos gestos automáticos llevamos a cabo sin cuestionarnos su oportunidad? ¿Cuántas programaciones implantadas desde nuestra infancia siguen dirigiendo nuestra vida? ¿Cuántas de ellas habrán quedado obsoletas y sin embargo seguimos cumpliendo sin revisar su vigencia? ¿A cuántos pedazos de vida estamos cortando sus extremos sin una verdadera necesidad?


Bueno, aquí os dejo un video de animación que ilustra cómo se producen a veces esas carambolas absurdas que gobiernan nuestras vidas sin que sepamos por qué.




martes, 12 de febrero de 2013

En la línea de la inversión de esfuerzos...

Os propongo aquí este pequeño clip que está en la línea de lo que os hablaba en el post anterior:
Perseverar es clave 
para cumplir objetivos

viernes, 25 de enero de 2013

Inversión de esfuerzos


En estos tiempos en los que muchas personas están haciendo grandes esfuerzos para encontrar trabajo, emprender o reinventarse, es bueno recordar que quien no se rinde acaba llegando.

A veces nos desesperamos al no obtener resultados cuando consideramos que ya hemos hecho lo suficiente. Suficientes entrevistas, suficientes currículums, suficientes cursos…Y puede que tiremos la toalla antes de tiempo.

Dejadme que os cuente  cómo es la vida del  bambú japonés, quizá os sirva como ejemplo de paciencia y como fuente de motivación:

La semilla del bambú convenientemente regada, tarda 7 años en producir un tallo desde su siembra, ahora bien,  una vez comienza a apuntar ese tallo, su desarrollo se produce en  6 semanas, y llega a alcanzar 30m de altura. Prácticamente se puede ver el crecimiento a simple vista, pues crece hasta 1 metro al día.

Durante los 7 años que aparentemente ha estado inactiva ha estado creando una red de raíces, que es lo que le va a permitir  desarrollarse después. Podríamos decir que ha estado haciendo contactos, enviando currículums, dando forma a su proyecto, pidiendo subvenciones, formándose en donde tiene carencias…

Déjate tiempo para crear tu propio sistema de raíces, ten confianza en ti, quizá es necesario que no dejes de regar esa semilla para que veas nacer el brote que esperas.

domingo, 6 de enero de 2013

Noche de Reyes



En esta oración de San Francisco hay una espléndida carta a los Reyes Magos, me gusta leerla detenidamente, saboreando cada frase, entendiéndola desde el corazón. No pido más.
 

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, ponga yo amor;
Donde haya injuria, ponga yo perdón;
Donde haya duda, ponga yo fe;
Donde haya desesperación, esperanza;
Donde haya obscuridad, ponga yo luz;
Donde haya tristeza, alegría.

Oh divino Maestro, concédeme que no busque tanto
Ser consolado, como consolar,
Ser comprendido como comprender,
Ser amado como amar;
Porque es dando como recibimos;
Es perdonando como perdonamos;
Es muriendo  a uno como nacemos a la vida eterna.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Nuestra película



Debería estar claro que no son los acontecimientos exteriores los que marcan el color de nuestra vida. Somos nosotros los que, al procesar el exterior, nos estresamos, entristecemos, y  encolerizamos o nos alegramos, nos sentimos dichosos o afortunados, y esto la hacemos  contándonos la película de determinada manera.
 Entender esto es imprescindible para poder ser dueño de la propia vida.
Decía Epicteto de Frigia “Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas”, y es cierto, es nuestro filtro mental el que nos hace ver la vida como cielo o infierno. Si no fuera así, circunstancias semejantes en dos sujetos distintos darían lugar a estados de felicidad semejantes en esos sujetos, y sabemos que no es así. ¿Queréis un ejemplo?
¿Qué significa un cubo de agua para cualquiera de nosotros, occidentales que contamos con una red de suministro  de agua en nuestras casas? ¿Qué nivel de felicidad nos produce? Casi nos sonreímos al intentar sopesar qué nivel de felicidad nos produce, como si la palabra felicidad quedara demasiado grande para un triste cubo de agua.
¿Qué significado tiene ese mismo cubo en una familia etíope, en la que cada mañana una de las tareas principales es caminar una media de 5 km para traer agua?
No es el cubo de agua en sí lo que produce felicidad o indiferencia, del mismo modo que no es la escasez o abundancia de riquezas lo que produce la infelicidad o la dicha, y no es la muerte en sí lo que produce tristeza.
Cada una de nuestras emociones es producto de nuestra propia interpretación de los hechos, que su vez viene influida por nuestras vivencias, nuestras creencias, y nuestra educación. Si somos conscientes de ello también somos dueños, somos directores de nuestra película, podemos elegir si queremos comedia o drama, si queremos vivir con ligereza, o con sentido trágico. Disfrutarla o sufrirla.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La decisión de estar bien



A veces es necesario estar mal para llegar a tomar la decisión de estar bien. Verse vapuleada por las circunstancias y tomar conciencia de ello puede ser el detonante o el revulsivo que nos hace extraer de nosotros ese poquito de coraje que nos falta para dar la palmada, para producir el cambio, para tomar la decisión de estar bien.

 Creo que la clave está en el día que decides “¡hasta aquí hemos llegado!” y das una palmada en la mesa, aunque sea mentalmente.


La decisión de estar bien es el motor, gracias a ella todo se pone en marcha, y si no la pierdes de vista, casi sin darte cuenta vas creando a tu alrededor la vida que concuerda con esa decisión, porque todo aquello que no cuadra bien con ese planteamiento te chirría  al hora de elegir, y entonces lo dejas fuera. Todo lo que sobresale del marco de “estar bien” se recorta.




sábado, 17 de noviembre de 2012

Practico la Autosugestión


Cada mañana repito 20 veces la frase cada día y en todos los aspectos, me encuentro mejor y mejor: Practico la autosugestión.

 Éste  método de repetición de afirmaciones positivas,  lo inventó un farmacéutico francés nacido en 1857, el Dr. Emile Coué, quien interesado por el hipnotismo,  empezó a tratar a algunos de los pacientes que acudían a su farmacia, con lo que él llamaba “sugestiones”, una serie de  afirmaciones sobre su salud (su buena salud) que él les sugería una vez hipnotizados.
            Más tarde se dio cuenta de que no era necesaria la hipnosis, y de que los propios pacientes podían ser entrenados para sugestionarse a sí mismos, obteniendo parecidos resultados.
Su éxito hizo que la gente fuera acudiendo a él en número creciente. Tenía pacientes en toda Europa y especialmente en los Estados Unidos y a pesar de que él se empeñaba en aclarar que no era él quien sanaba,  la gente se empeñaba en lo contrario.
Pero ¿qué es la autosugestión?

Siguiendo con el ejemplo que el propio Dr. Coué ponía: Si te ponen un tablón de 25 cm de ancho y 3 m de largo en el suelo y te dicen que camines por él, la mayoría de la gente no tiene ningún problema para hacerlo, pero si ese mismo tablón está a la altura de las torres de la catedral, muy poca gente será capaz. La sugestión del peligro nos impide desenvolvernos con naturalidad en esas circunstancias.

            Es también lo que ocurre cuando estás aprendiendo a montar  en bicicleta: basta que pienses que te vas a ir contra ese árbol que no quieres, para que vayas. Actúas según la sugestión de que vas a ir contra el árbol, y obedeces tu propia sugestión.
Cuenta en uno de sus libros el caso de un banquete en el que a mitad de la comida la cocinera avisó de que se había equivocado y había echado arsénico en la comida. Hubo mucha gente que empezó a manifestar síntomas de intoxicación. Después se comprobó que había sido una falsa alarma.

Otro ejemplo lo vemos cuando acometemos una nueva tarea. Si nos aseguran que es una tarea sencilla que vamos a poder realizar sin problemas, funcionamos mejor que si nos  vaticinan que se requiere una habilidad y destreza poco comunes para realizarla.

La sugestión es una potente herramienta para manejar nuestra mente, y se puede utilizar esta herramienta en nuestro propio beneficio, y también en el de los demás.

En el fondo, todo el mundo entiende cómo funciona la sugestión, pero poca gente aprovecha ese conocimiento. Lejos de aprovecharlo, muchas veces lo utilizamos, sin ser conscientes  de ello, para nuestro perjuicio, poniendo trabas a nuestro propio afán de superación,  dando más crédito a criterios ajenos que a los nuestros, o convenciéndonos de nuestra fatalidad.
Por la mañana, al despertar, no es lo mismo pensar  “A ver con qué cosas desagradables me va a tocar bregar hoy” que, “Hoy va a ser un día estupendo y va a salir todo según mis deseos”.
Pues es tan sencillo como eso.

La frase “cada día y en todos los aspectos me encuentro mejor, y mejor” es del propio Dr Coué, pero cada uno puede aplicarse la que mejor le convenga. No importa lo increíble que te suene cuando digas: “Cada día me desagrada más y más el tabaco”, si es que quieres dejar de fumar, o “Cada día me siento mas fuerte y sana” a pesar de que estés pasando por uno de los peores momentos de tu vida. No hace falta creérselo, solo repetirlo, 20 veces  2 ó 3 veces al día, en un tono monótono (como de recitar letanías, dice el Dr. Coué), y en un volumen audible por ti mismo. Pasadas unas semanas, cuando te empieza a sonar menos “marciano”, menos inverosímil, puedes reducir a 2 ó 1 veces al día (siempre las 20 repeticiones).
 La prueba es gratis. Los resultados comprobados.

Por si queréis ampliar, aquí van algunos títulos de los libros del Dr Coué.

“Mi método de autosugestión”, 
“El dominio de si mismo”,
 “Afirmaciones y autosugestión: el autodominio por la palabra hablada”.